jueves, diciembre 13, 2007



La devoción a Nuestra Señora en su advocación de Guadalupe tiene su base en la imágen que ella imprimió en el ayate de Juan Diego.

Desligar el ayate de su dueño, un indio de lengua nahuatl, es ovidar y por lo mismo negar, la intermediación del indígena.

Desligamos el ayate de su dueño olvidando o negando su participación en el evento guadalupano.

Eclesialmente considerado santo, que San Juan Diego continúe haciéndonos entender esa participación necesaria del indígena en la construcción e identidad de la nación mexicana.